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Hatupatus Kurangaitukusa aquycaua / Una historia de Hatupatu y Kurangaituku


Written by Hana Mereraiha. Illustrations by Munro Te Whata. Muysc cubun translation & narration by Brenn Romero. Spanish translation & narration by Mariana Suarez.


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Muysc cubun

Spanish

Fanzac, gueza cha Hatupatu ahycac gaiaz aguene. As cha agotac nyscac aga — cha apquyquychie ynie puyca, apquyquychie fahac aguezaca cuhuminc aguene.

Había una vez un joven llamado Hatupatu. Era un poco pícaro, extremadamente talentoso y con habilidades extraordinarias.

Tānez aquye achiegue chichy asynan, Hatupatuz Tāne (quye chunsuaguia) aquihichuque sucas ana. Ys quyena Tanez hizcatoba uaca apquyquychiez cuhuminc abgasqua.

Hatupatu siguió los pasos de Tāne (dios de los bosques) mientras se desplazaba a través de los majestuosos bosques de su dominio, Hatupatu perfeccionó su arte de lanzar hechizos.

Muysca guisca ipquabe azonuca ocasac chiguquynan, Hatupatu supquaquyn cuhuc aguensan, apquyquynuc hizcatoba uaca apquyquychiez cuhuminc abgangaz abgasqua. Ys nohocan, Hatupatun apquyquychiez muysc pquyquychie quyhyc ai asucune amucanan nohocan, ys apquyquychiez aquybysucanuca cuhuc aguene.

Según cuentan los relatos, Hatupatu era un hechicero, pero todavía estaba en busca de habilidad mágica. A pesar de esto, sabía que tenía talentos más allá que los otros simples mortales, y esos talentos eran evidentes.

Sua atan, Hatupatuz sueguana quyen biza agotac amnyz cuhuminc abganan, opqua quihichac chisgoc, Kurangaituku ahycac gaia muysca-sueguana-fuhucha abchibysuca.

Un día, Hatupatu estaba practicando su arte de atrapar con lazo los pájaros en el gran bosque. No se dio cuenta que estaba siendo acechado por una aterradora mujer pájaro conocida como Kurangaituku.

Kurangaituku, achinna muysca cuhuc aguequa, quycagataz muyscas amuynsuca. Asuesica ys abanucaz acoca hata asicague hata abusuca guehesc aguene.

Kurangaituku era un monstruo temible que tenía una apariencia medio humana. Sus uñas eran nudosas y afiladas, al igual que su prominente pico, en forma de curva.




Ynacan Kurangaitukuz Hatupatuz abahaiac abgas ahycatac amny.

Ella atrapó a Hatupatu y lo llevó de regreso a su cueva.

Hatupatus Kurangaitukusaz hycatac apquasquan, Hatupatuz Rehua (ocasac muyian quisca chunsuaguia) achuta mabie abchiby.

Cuando llegaron a la cueva, Hatupatu vió a muchos de los hijos de Rēhua (dios del conocimiento).

Tānez pquyquychie tobiaz amhistyioa aquihichabozun zona guatquycac apquanan achuta mabiez hoc anny. Hatupatun ys chuta abchiby.

Estos fueron los niños dados a Tāne con muchas otras especies a la llegada de Tāne al décimo segundo cielo mientras estaba en busca de las cestas de conocimiento.

Tānez achuta aquyec amnynan nohocan, achuta atabe, sueguana tūī, chumne chysquyco mānuka, suaguaia nga grillo. Xis Tane chuta azonuca Kurangaituku abahaiac anga.

Luego Tāne trajo a estas criaturas de vuelta a su bosque; entre ellos el pájaro tūī, el escarabajo verde mānuka, la cigarra y el grillo. Todos los cuales fueron cautivos por Kurangaituku.



Hatupatuz anac biza abchibyn bohoza, apquyquyz amuyne. Hycatan iannynga cuhuc aguenan nohocan, yca puynuca aianzinga cuhuc aga.


Hatupatu se sintió abrumado al ver a todas estas criaturas e intentó en su primera oportunidad escapar de la cueva, pero fracasó.


Iez aquyne nga Hatupatuz ia Kurangaituku abahaiac angasquas apquac aga.

Pasó algún tiempo y Hatupatu se acostumbró a ser cautivo de Kurangaituku.

Sua ataz sua ataz Hatupatu aquychyquy moque achquysc aguene. Ynacan, Hatupatuz sueguana-muysca-fuhucha sua puynuca quyia abchibys ys atyns, muysquyn amnypquasucas apquac aga.

Día tras día su comida consistía en meros bocados. Poco a poco se acostumbró a los hábitos de la mujer pájaro y se adaptó a los sonidos de la naturaleza.

Kurangaitukuz ipquabe azonuca iahaco etinan sucaz amucan suca npuaca, Hatupatun Kurangaituku hata achiegue ocasac agusqua. As sueguena fuhuchan Tane aquye cuhuman biza sueguana apquanuca aty cuhuc chogue abtyioa apquyquychiez aguene. Apquyquychiez eba mec chyzyngac aguequa asac amuysqua nxie agaca oque hata mec chyzynga asac amuysqua.

Hatupatu se maravilló del hecho de que ella era una maestra de todos los sonidos: su capacidad para hacer eco de los delicados sonidos de todas las aves del gran bosque de Tāne contradecía la fuerza de su cuerpo y de sus alas.

Kurangaituku nxie Hatupatu sua puynuca quyia abchibys apquac aga nga as cha apquyquy abquys Kurangaituku apquys azac aga.

Kurangaituku también se acostumbró a los hábitos de Hatupatu y comenzó a darle más libertad en la cueva.

Kurangaituku supquaquyn gehespqua apquyquychie bohoza ipqua atabe sueguenac agusquanuca sueguanaz abquy, nga Kuranagaituku guisca cuhuc sueguanaz fuhucha muys chusc anasqua npquaca, Hatupatuz achiez agusqua.

Hatupatu estaba absolutamente perplejo con su talento y habilidad hechicera para controlar a los pájaros que acudían hacia ella. Tan desconcertado estaba que sintió que debía tratar de igualar esas habilidades. Así, comenzó a practicar y planear su huida.


Ys nohocan, Hatupatu, auec, Te Motu o Tinirau (Mokoia nxie ahyca guy), sienga cuhuc aguene. Sua atan Kurangaitukuz afuinioa ana bohoza, Hatupatuz hycatan aianynga bahaia nzac agaioa ipquabe abquys amny.

Un día Kurangaituku fue de cazería y Hatupatu decidió poner en práctica su estrategia para escaparse de su encierro en la cueva para regresar a su hogar en Te Motu o Tinirau (conocida también como Isla Mokoia).

Hatupatuz hycatana chonga aianza amucan suca san nohocan, apquyquychie hata cuhumac aguene ocas gue aguquy, apquyquychie choinc gaia quihichana apquyquy cuhumac abga npquaca.

Hatupatu estuvo consciente del riesgo de intentar escapar, pero la confianza en sus propias habilidades como maestro de su reciente y bien testeadas aptitudeslo impulsó a arriesgarse.

Hatupatu hycatan aquihicha hata supqua bohoza aianan iez ami.

Hatupatu salió corriendo de la cueva. Su escape fue tan rápido que sus pasos hicieron que la tierra temblara.

Ys nohocan, ipquabe apquyn abgaza. Sueguana Piwaiwaka etinanz yn apquyquyne nga Kurangaituku ahycaz abzi,

Sin embargo, no contó con el chillido estridente de uno de los pájaros: el Piwaiwaka llamando a Kurangaituku,

'Aiane! Aiane! Hatupatuz aiane!'.

¡Escapó! ¡Escapó! ¡Hatupatu ha escapado!'.

Kurangaituku huc tyzuca asueguana achyzaz amnypquas Hatupatu sucas anas aiane.

Kurangaituku escuchó la llamada de su amada mascota y comenzó a perseguir a Hatupatu.

Hatupatuz hycac apquas hizcatobaz abquys,

Hatupatu llegó a una roca y ejecutó su magia diciendo,

‘Hyca! Hyca! Hyquis azo!’.

'¡Roca! ¡Roca! ¡Ábrete!'.

Hycaz etinans amis aquyhycas aiane nga Hatupatuz supquaguec hyca hui aza.

La roca retumbó, abriéndose así Hatupatu entró rápidamente.



Ys ypquana, Hatupatuz fac azas xie chitupqua yn aguequa hichyquy ahyca Whakarewarewaca ana.

Después de un rato, Hatupatu reapareció y se dirigió hacia las aguas termales de Whakarewarewa.

Kurangaitukuz Hatupatuz amisqua, asucas fihistan anyquy. Sueguanaz mec chyzynga Hatupatu abtequesucan, afihizca nxie Hatupatu chyza gyc azasqua. Ys cuhuc Hatupatu xis fihizca chogue amuyquy.

Nuevamente fue perseguido por la mujer pájaro, Kurangaituku, que estaba cerca al acecho, tan cerca que podía sentir su aliento ardiente sobre su cuello.

Hatupatuz aquihicha asupquaguec abgaioa ahizcatobaz abquys amny.

Hatupatu comenzó su arte de un encanto ritual para darle más velocidad y poder correr rapidamentre.

Ubina, Kurangaitukun afihizcaz aguezac agana bohoza sugaca muyhyxio ata nxiez guan azas aguezac aga.

Mientras tanto, la falta de aliento de Kurangaituku le hizo perder una de sus plumas, una pluma negra.

Nga Hatupatuz Tapuwaekura o Hatupatu (Hatupatu quihichoque) hycac gaia quypquana aquihichoquez abza.

Hatupatu también dejó una huella en el lugar ahora llamado 'Te Tapuwaekura o Hatupatu' (La huella de Hatupatu).

Sa iez aquynzac, chas fuhuchas xiechitupquihiguaca nga xiechitupqua yn zoc fac zasca quypquac apqua. Nga Hatupatu, achihiza aquynez hata cuhuminc aguenec amuyiane guy, ys quypquaca guan azazas aguesnuc ahuihyzy.

No pasó mucho tiempo antes de que ambos llegaran a las aguas termales y géiseres sobre los que Hatupatu saltó, demostrando sus habilidades físicas y evitando los peligros de esas aguas termales.

Kurangaitukun, xie chitupqua yn aguequa hichyquy nga xiechitupqua yn zoc fac zasca yn aguequa quycas amioa uaca apquyquychiez agueza.

Tal pericia en términos de navegar por las tierras de las aguas termales y los géiseres fue mayor quelas habilidades de Kurangaituku.


Faoa bohoza opquaz atymygos achahane, nga chituz yn apquyquyne npquaca achihiza aquynez aguenza cuhuc aquynzac agas pihigua chitupquaca guan azas achahane. Ynacan hataca ubuca anmihystyza.


Cuando sus ojos se empañaron con el vapor, el calor la venció, sey cayó en las burbujeantes aguas termales para nunca más ser vista.


Hatupatuz achihizaz Kurangaituku chihiza quyhyc ai abgas hizcatoba bohoza aquihicha hata asupquaguec abganan, sas quyhyn zona testz achahane.

El ingenio de Kurangaituku a través de la fuerza física y el encanto ritual fue la primera prueba que Hatupatu pasó.

Ngaban Kurangaituku hycatac anyquy, yn apquyquyz achieguec gaiac anyquy. Asyn, hyacat quyhyca fihistana sugaca muyhyxioz abchiby.

Luego regresó a la cueva de Kurangaituku, al lugar de su metamórfosis en iluminación, donde vio una pluma negra tirada en la puerta de entrada.

Ynacan, asyn suza Hatupatu apquyquyn aquycac ahuscanyngaz abga. Yn muysquy nxie sas quyhyn zona testz —umza chiec abgaioa uaca pquyquychie— chogue achahane oque cuhuc, gacaz asan asan abquys, azisquyc abza nga, asucas Kurangaituku bahaia sueguana apquanuca anas, Tinirauca ahuscane

Es allí donde un ardiente deseo envolvió a su ser y de regresar al lugar donde pertenecía. El recogió la pluma, atándola a su cabeza como una señal de que había pasado la primera prueba en su vida, la capacidad de transformar la oscuridad en luz, y regresó a la isla de Tinirau con las aves que una vez fueron esclavizadas por Kurangaituku.

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